Porque la Paz habite en esta bendita tierra
Vía Crucis
Maestro, tu nos dijiste: «Mi paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde». Que tu Espíritu nos infunda la serena confianza. Tú fuiste víctima de la violencia que te llevó a la muerte en cruz. Que tu resurrección nos lleve a realizar el sueño amoroso de la paz y de la felicidad que Dios quiere para sus hijos e hijas amadas
Con el Vía Crucis no sólo queremos recordar la Pasión de Jesús, sino también la de todos sus hermanos y hermanas, los seres humanos que, como Él, son condenados por la injusticia del mundo y la de toda la Creación. El sufrimiento y la muerte de Jesús son también el sufrimiento y la muerte del mundo, que continúan en nuestra historia y en nuestra presencia. La cruz comprende el sufrimiento y la muerte del inocente, de las mujeres maltratadas, de los inmigrantes abandonados a su suerte, de las víctimas de la injusticia y la violencia, de quienes luchan por un mundo más pacífico y fraterno y de las personas que, por su solidaridad, son perseguidas y abandonadas, de las personas inocentes muertas en la barbarie de la guerra y la del planeta entero.
Que la celebración del Vía Crucis nos comprometa a estar siempre al lado de quienes actualizan, en nuestros días, la Pasión de Cristo, para trabajar, con todas nuestras fuerzas, por suprimir tantas cruces que hoy cargamos sobre las espaldas de los pobres, los vulnerables y desamparados de nuestro mundo.
Permítenos esta noche Jesús, aquí, en la Parroquia/Proyecto/Centro de _______________, hacer presente y sentar a tu mesa a todas las personas que en Palestina y en Oriente Medio están sufriendo por la barbarie de una guerra atroz y sin sentido; que este rato de oración junto a ti aquí nos acerque y nos comprometa con los que más están sufriendo también allí. Que sea además un camino compartido con tantas personas en el mundo amenazadas hoy por las tiranías y por la ambición de algunos gobernantes.
ESTACIÓN 1:
La condena injusta del inocente Jesús por la seguridad del “orden”
Del Evangelio de Juan (19,14a-16): “Dijo Pilato a los judíos: “Aquí tenéis a vuestro rey. Ellos gritaban: “¡Fuera, fuera! ¡Crucifícalo!” Pilato les dijo: “¿Crucificar a vuestro rey?” Contestaron: “No tenemos más rey que el César”. Entonces, al fin, se lo entregó para que lo crucificaran”.
Lectura-reflexión 1: A Jesús lo fueron a arrestar de noche. Hoy, como entonces, como en tantos momentos antes, las vidas y las puertas de mucha gente buena han sido arrancadas a patadas, de noche, por los poderosos y sus sicarios. También de noche los bombardeos aterrorizan a pequeños y grandes en Oriente Medio y otras partes del mundo. Hoy, como entonces, millones de personas inocentes han sido arrastradas a culatazos hacia sanedrines, tribunales populares, consejos de guerra o simples jaurías humanas para ser crucificadas, ahorcadas, quemadas, apedreadas o fusiladas en las cunetas de la Historia. Jesús hizo suya la causa de todas ellas. Y acabó haciéndose totalmente uno con estas personas, sometiéndose incluso a la muerte, una muerte de cruz. Pero… ¿Y si yo hubiera estado allí? Entre la multitud que pidió la muerte de Jesús ¿Qué hubiera hecho yo? ¿Habría alzado la voz? ¿Habría agachado la cabeza y mirado para otro lado? ¿En qué bando estoy yo: en el de quienes podrían ser arrastrados a patadas o en el de quienes llegan, con “palos”, a prender a otros?
Canción: “Si hubiera estado allí” de Jesús Adrián Romero. https://www.youtube.com/watch?v=6ORBKJ8wZm4
Oración: Jesús, condenado por el “orden” de este mundo: venimos hoy ante Ti. Somos los condenados de la tierra. Somos familias y pueblos aniquilados y obligados al exilio. Nos condenan al hambre, al desempleo, al desprecio, al desamparo y a la represión. Jesús, justo y condenado: que mantengamos la fe en Ti, pues Tú no sólo no nos condenas sino que nos perdonas y salvas.
ESTACIÓN 2:
Jesús carga con la Cruz
Del Evangelio de Juan (19,16-17): “Tomaron a Jesús y, cargándole la cruz, salió al sitio llamado Calvario, que en hebreo se dice Gólgota”.
Reflexión: Nuevas cruces aplastan al mundo. Tras dos años de constantes bombardeos, masacres y hambruna en Gaza, una paz frágil se suma ahora una guerra en Líbano e Irán. La escasa ayuda que llega a Gaza apenas satisface las necesidades de la población. Miles de niños han muerto de hambre y deshidratación, y muchos están enfermos debido a las condiciones infernales en las que viven. Además, Israel ha abierto fuego en repetidas ocasiones contra los gazatíes mientras intentaban acceder a la ayuda humanitaria. El número de muertos ha alcanzado las 70.000 vidas. El drama supera a Oriente Medio cargando a la humanidad una cruz de nueva desolación. La voz del Papa León XIV llamando al diálogo no se atiende: “la diplomacia debe redescubrirse y promoverse por el bien de los pueblos, que anhelan una coexistencia pacífica, fundada en la justicia”
Oración: Dios de la creación, venimos ante ti lamentándonos como el salmista: “Desde lo más profundo grito a ti, Yahveh: ¡Señor, escucha mi clamor! ¡Estén atentos tus oídos a la voz de mis súplicas!” (Salmo 130, 1-2). Escucha nuestros gritos y líbranos de los faraones modernos. Te suplicamos, Señor, un alto el fuego inmediato y que liberes a todas las personas que sufren del yugo de la opresión.
ESTACIÓN 3:
Jesús cae por primera vez
Del Evangelio de Juan 12, 24: “Os aseguro que, si el grano de trigo caído en tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto”.
Lectura-reflexión: Al amparo de un falso derecho de defensa las autoridades israelís están siendo complacientes con las agresiones a familias palestinas. El ritmo de demoliciones por parte de Israel contra palestinos ha aumentado desde octubre, con un incremento del 60% de viviendas demolidas. Además, Israel ha incrementado sus demoliciones de viviendas en aldeas beduinas no reconocidas del desierto de Naqab. A ello se han sumado asesinatos impunes de colonos en territorios ocupados.
Desde Cáritas alzamos nuestras voces en señal de dolor y firme resolución ante el continuo sufrimiento en Gaza aumentado ahora por la guerra extendida a Líbano e Irán. La devastación que se ha desplegado ante los ojos del mundo es una profunda tragedia moral y humanitaria. Miles de vidas inocentes se han perdido y comunidades enteras están en ruinas, con los más vulnerables – niños, ancianos y enfermos – soportando penurias inimaginables.
Oración: Dios cariñoso, nuestra roca, nuestro refugio en la tormenta, que los que se han quedado sin nada sepan que no son olvidados. Pedimos que se provean los recursos necesarios para cubrir las necesidades de la gente. Señor, reemplaza cada hogar demolido por uno nuevo en una tierra liberada. Ayuda a que cada caída no sea un fracaso de la humanidad sino la llamada de atención para buscar la Paz.
Al elevar nuestras oraciones por las personas y pueblos caídos, por los que están de luto, por los heridos y por los que permanecen firmes en la tierra de sus antepasados, recordamos la promesa de las Escrituras: “El Señor sostiene a todos los que caen, a todos los encorvados endereza” (Salmo 145,14).
Que el Dios de la misericordia fortalezca a los afligidos, ablande los corazones de quienes detentan el poder y haga surgir una paz que defienda la justicia, preserve la dignidad humana y salvaguarde la presencia de todas las personas en la tierra a la que pertenecen.
ESTACIÓN 4:
Jesús encuentra a María, su Santísima Madre
Del Evangelio de Lucas (2,34-35): “Simón les bendijo y dijo a María, su Madre: “Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción, a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones. Y a ti misma, una espada te atravesará el alma”.
Cuantas madres, padres, hijas, hermanos, abuelas… cuantas personas desoladas al ver sufrir a sus seres más queridos, cuantas familias destrozadas… Lo que ocurrió aquel 7 de octubre en el sur de Israel con el asesinato y secuestro de rehenes fue un acto atroz.
No cabe razón para semejante atrocidad. El recurso a la violencia no es compatible con el Evangelio y no conduce a la paz. Pero la respuesta israelí con los continuos e intensos bombardeos que han estado golpeado Gaza durante meses causando muerte y destrucción y no han hecho más que aumentar el odio y el resentimiento, sin resolver ningún problema, sino creando otros nuevos. La guerra se extiende y es hora de detenerla. La vida de cada persona humana tiene igual dignidad ante Dios, que nos ha creado a todos a Su imagen.
Sólo si se pone fin a decenios de ocupación y a sus trágicas consecuencias, y se da una perspectiva nacional clara y segura al pueblo palestino se puede iniciar un proceso de paz serio. Si este problema no se resuelve de raíz, nunca habrá la estabilidad que todos queremos El dolor de ver desaparecer todo, la tristeza de ver tu tierra convertida en escombros, perder a tus seres más queridos… la tierra donde nací, donde crecí, dónde viví… cuando volveré yo a mi casa, cuándo volveré yo a mi tierra se preguntan esta noche tantas personas en Tierra Santa. Del mismo modo el diálogo entre países debe llegar para terminar la guerra en Oriente Medio.
Canción: “Yo quisiera” Canción a Palestina, de Karla Mojika y Samir Hadj-Djilani. https://www.youtube.com/watch?v=LeYsxTSrPLY
Volveré a mi casa
Cuándo volveré yo a mi tierra
Donde nací, donde crecí,
donde viví mis más preciados recuerdos
Yo quisiera caminar libre por la franja de Gaza
Yo quisiera ir a rezar a la Mezquita de Al Aqsa
Yo quisiera visitar mi familia y mi hogar
Yo quisiera contemplar las calles de la Tierra Santa
Hoy lloro por mi gente
Sus caras se visten de amargura,
detrás de un muro, como han sufrido,
cómo han resistido frente a los ojos del olvido
Los jóvenes de mi patria hoy sólo piensan en venganza
Las mujeres de mi pueblo ya han perdido la esperanza
Los niños entristecidos ya no salen a jugar
Los bellos campos de olivos se han vuelto campos de batalla
ESTACIÓN 5:
Simón ayuda a llevar la Cruz de Jesús
Del Evangelio de Lucas 23, 26: “Cuando lo conducían, agarraron a un tal Simón de Cirene, que volvía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevara detrás de Jesús”.
Lectura-reflexión: Con todo el dolor y sufrimiento del mundo que actualizan la pesada Cruz de Jesús, olvidamos muchas veces a tantas personas que, como el cirineo, ayudan a llevar las cruces. Están a nuestro lado, están en nuestras parroquias, en asociaciones y están en los lugares asolados por la guerra. Lo hemos visto en las personas de Cáritas que en Gaza y Cisjordania han seguido dando esperanza y vida.
Anton Asfar, secretario general de Cáritas Jerusalén, nos ha contado la realidad a la que se enfrenta esta Cáritas hermana en Tierra Santa: «Lo que vivimos día a día es una tragedia humanitaria sin precedentes. La gente no solo ha perdido sus hogares, sino también cualquier medio de subsistencia».
Para poder seguir siendo cirineos advierte que «Las fronteras deben reabrirse, las operaciones militares deben cesar y la ayuda humanitaria debe entrar sin restricciones. No podemos permitir que la gente siga muriendo por falta de lo más básico. Solo así podremos seguir llevando esperanza a quienes más lo necesitan”.
Oración: Dios todopoderoso, lamentamos las numerosas vidas perdidas en el Holocausto, víctimas de ideologías supremacistas y racistas. Ayúdanos a recordar y reconocer la Santidad de cada vida humana, y que todas las personas están hechas a tu imagen y semejanza. Te rogamos que cesen el genocidio y el odio, y que el amor triunfe sobre el mal. Nunca más significa nunca más para nadie. Señor, te pedimos un alto el fuego inmediato, la liberación de los rehenes, corredores humanitarios que permitan el socorro de las personas asediadas, enfermas, aterradas y con hambre y el inicio de sinceras conversaciones de paz.
Jesús, te pedimos que en medio a veces de tanta oscuridad, siga habiendo personas capaces a las que acercarnos y nos “den luz”, que siga habiendo personas que ayuden a llevar tantas cruces que asolan el mundo… te pedimos de manera especial por todo el personal de Cáritas que continúa en Tierra Santa, para que sigan siendo luz en medio de tanta dificultad…
Hacemos un sencillo gesto: quien quiera puede acercarse junto al altar y encender una pequeña vela en recuerdo de todas las personas que hoy siguen dando “luz” en tantos lugares del mundo.
ESTACIÓN 6:
La Verónica enjuga el rostro de Jesús
Del Evangelio de Mateo 10, 42: “Quien dé a beber un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños por su condición de discípulo, os aseguro que no quedará sin recompensa”.
Reflexión: La Verónica, he ahí una mujer capaz de salir afuera, de abandonar la muchedumbre, para ir directamente a la persona que sufre. La Verónica, nos enseña el coraje que hemos de tener para salirnos de esa masa que en tantas ocasiones nos aprisiona y nos acobarda, y correr al encuentro de Jesús. Es el impulso del amor que no tiene miedo de nada y se rebela contra la injusticia. La Verónica, he ahí a una mujer que se da cuenta de lo que está pasando pero que no cierra sus ojos a la injusticia, ni mira para otro lado, ni se esconde entre la multitud anónima… una mujer para la que el rostro de Jesús no le fue indiferente.
Hoy que la proclama belicista crece y la hacen dominante, podemos ser como la Verónica enjugando lágrimas, trabajando por la paz y haciendo de nuestra vida bandera de la paz. Al contrario, muchas mujeres son humilladas. Expertos de la ONU expresaron su consternación por las denuncias de violaciones a los derechos humanos de las mujeres y niñas palestinas en Gaza. Sobre todo, expresaron su preocupación por los informes que afirman que mujeres y niñas palestinas bajo detención israelí están siendo sometidas a múltiples formas de agresión sexual como ser desnudadas y registradas por oficiales masculinos del ejército israelí. Muchas mujeres palestinas habrían sido violadas mientras estaban detenidas, mientras que otras habrían recibido amenazas de violación y violencia sexual.
Oración: Señor Jesucristo, que fuiste aliviado y consolado por la verónica en medio de tu calvario, te pedimos que la comunidad internacional sea capaz de proteger a los civiles, en los territorios palestinos ocupados, de conformidad con el derecho internacional humanitario y los derechos humanos. Así mismo, te pedimos ejercer nosotros mismos de verónica con compasión ante el sufrimiento del pueblo palestino y promover la ayuda humanitaria que alivia y consuela a un pueblo desfigurado.
Dios de la humanidad, oramos por todas las mujeres, las mujeres palestinas, y especialmente por todas las madres, abuelas, mujeres y niñas de Gaza. Acompáñalas, escucha sus llantos y alivia su sometimiento con empoderamiento. ¿Hasta qué punto llega la deshumanización de nuestros opresores? Ayúdanos a comprender la opresión que sufren los palestinos a tantos niveles, para que podamos luchar mejor por la liberación.
ESTACIÓN 7:
Jesús cae por segunda vez
Del Evangelio de Mateo 23, 37-38: ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los enviados! ¡Cuántas veces intenté reunir a tus hijos como la gallina reúne la pollada bajo sus alas, y os resististeis! Pues bien, vuestra casa quedará desierta.
Todos tus hijos e hijas reunidos en una misma casa, en un mismo mundo, bajo un mismo cielo. Un mundo así es posible, pero sólo es posible cuando el dolor no me sea indiferente, cuando la guerra no me sea indiferente, cuando el otro, este cerca o esté lejos, no me sea indiferente.
Lectura-Reflexión: Todos tus hijos e hijas reunidos en una misma casa, en un mismo mundo, bajo un mismo cielo. Un mundo así es posible, pero sólo es posible cuando el dolor no me sea indiferente, cuando la guerra no me sea indiferente, cuando el otro, este cerca o esté lejos, no me sea indiferente. En esta versión de esta canción tan unida a un mensaje de paz para el mundo, voces musulmanas y judías se unen al autor de la canción, León Guieco, para juntas pedir el fin de la violencia en Tierra Santa.
Canción: “Solo le pido a Dios, interpretada por Alma Sufi Ensamble ft. León Gieco y Gastón Saied: https://www.youtube.com/watch?v=k_BJLRfdWHg
Oración: Te pedimos Señor que la Tierra Santa sea compartida en paz por las comunidades de fe que se reconocen en Abraham. Que nos respetemos y amemos los unos a los otros como hermanos y hermanas. Que aprendamos a comprender el dolor del otro. Que nadie instrumentalice el nombre de Dios para la violencia. Trabajemos juntos por la justicia y por la paz. ¡Salam! ¡Shalom!
ESTACIÓN 8:
Jesús consuela a las hijas de Jerusalén
Del Evangelio de Lucas, 23, 28: “Jesús se volvió y les dijo: —Vecinas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos”.
Lectura-reflexión: El 1 de marzo se celebró la Jornada Mundial de Oración. El pasado año las oraciones fueron escritas y dirigidas por mujeres cristianas palestinas. Nuestras hermanas, madres, hijas y abuelas reflexionaron colectivamente sobre Efesios 4,1-6 desde el contexto de su sufrimiento como mujeres cristianas palestinas, que dice: “os exhorto, soportaos unos a otros con amor”.
Desde el alto el fuego en Gaza –roto por los nuevos ataques durante los últimos días, el ánimo de la población oscila entre la esperanza y el desánimo. Para nuestras compañeras de Cáritas Jerusalén, como Nathalie y Abeer, el alto el fuego ofreció un respiro entre el resto de las dificultades y retos para sobrevivir. Pero la guerra ha continuado y bastardos intereses la extienden al Líbano y a Irán poniendo en riesgo la paz mundial.
El llanto se extiende de Jerusalén a Beirut y Teherán y nos llama para actuar como agentes de paz.
Oración: Dios de María, Marta y Ana, damos gracias por el liderazgo y la resistencia de las mujeres palestinas, una tradición que se extiende a lo largo de los siglos. Rezamos por todas las mujeres palestinas que están oprimidas de manera específica debido a su etnia y género.
ESTACIÓN 9:
Jesús cae por tercera vez
Del Evangelio de Mateo (26,73-75): “Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro: “Seguro que tú también eres de esos, pues tu habla te delata”. Entonces, él empezó a imprecar y jurar: “No conozco a ese hombre”. Y enseguida el gallo cantó. Pedro se acordó de las palabras de Jesús, que le había advertido: “Antes de que cante el gallo, me negarás tres veces”. Y saliendo, lloró amargamente”.
Reflexión: No podemos negar a nuestros hermanos y hermanas. Palestina es uno de esos lugares que siguen en medio de conflictos bélicos… sin embargo, no podemos olvidar ni tampoco desviar nuestra mirada de otros muchos lugares de nuestro mundo donde la violencia y la guerra siguen presentes cada día. Ni caer en la resignación de pensar que sólo desde la guerra se puede entender la humanidad.
La guerra en Irán, en Ucrania, en Sudán y en tanto otros países producen tanto sufrimiento. Compartir la cruz de Jesús supone trabajar para que las cruces de tantas guerras dejen de azotar a la población.
Oración:
Señor, ilumina a los líderes de las naciones,
para que tengan la valentía de abandonar proyectos de muerte,
detener la carrera armamentista,
y poner en el centro la vida de los más vulnerables.
Que nunca más la amenaza nuclear condicione el futuro de la humanidad.
(Papa León XIV)
ESTACIÓN 10:
Jesús es despojado de sus vestiduras
Del Evangelio de Juan 19, 23 – 25: “Cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron su ropa y la dividieron en cuatro partes, una para cada soldado; aparte la túnica. Era una túnica sin costuras, tejida de arriba abajo, de una pieza. Así que se dijeron: —No la rasguemos; vamos a sortearla, para ver a quién le toca. Así se cumplió lo escrito: Se repartieron mis vestidos y se sortearon mi túnica. Es lo que hicieron los soldados”.
Lectura-reflexión: La guerra despoja de toda a quienes la padecen. De necesidades básicas pero también de valores morales. Miles de palestinos han muerto en Gaza por inanición, la mayoría niños y bebés. Además, se ha negado sistemáticamente la entrada de ayuda humanitaria en Gaza y los convoyes de ayuda han sido objetivo de fuego israelí.
Ahora ejércitos de EEU, Israel, o Irán poderosos bombardean instalaciones civiles y militares multiplicando el dolor y la muerte, pero también el odio.
El orden internacional que parecía vestir la paz se desmorona bajo la ley del más fuerte despreciando la palabra de Dios “no matarás”.
Oración: Cristo, nuestro Señor, Tú nos dices que eres el “pan de vida” (Juan 6, 35). Venimos ante ti conmocionados, indignados y perdidos. Te suplicamos que proveas a la población de Gaza con el pan de cada día mientras tantos mueren de hambre. Señor, interviene y detén estas atrocidades que matan a la gente mientras esperan ayuda. Proporciona ayuda a los opresores, que están enfermos espiritual, moral y políticamente.
Rasguémonos los corazones y no las vestiduras.
Convertíos de todo corazón, con ayunos, llantos y lamentos; y convertíos al Señor vuestro Dios, un Dios compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en amor, que se arrepiente del castigo.
Tocad la trompeta en Sion, proclamad un ayuno santo, convocad a la asamblea, reunid a la gente, santificad a la comunidad.
Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, servidores del Señor, y digan: «Ten compasión de tu pueblo, Señor; no entregues tu heredad al oprobio ni a las burlas de los pueblos».
ESTACIÓN 11:
Jesús es clavado en la Cruz
Del Evangelio de Marcos (15,25.): “Era mediodía cuando lo crucificaron. En el letrero estaba escrita la causa de su condena: El rey de los judíos. Crucificaron con Él a dos bandidos, uno a la derecha y el otro a la izquierda. También los que estaban crucificados con él, lo insultaban”.
Lectura-reflexión: Las violaciones de derechos humanos son cotidianas en muchos países y especialmente en situaciones de tiranía. Palestinos detenidos en Gaza han sido puestos en libertad recientemente. En Teherán la represión es también cotidiana. La guerra acentúa el irrespeto por la vida. Miles de personas son clavadas en la cruz del armamentismo, los intereses económicos y estratégicos.
Y hoy… ¿Dónde estoy? ¿Del lado de los que les duele ver un mundo que sufre y defienden la justicia y la dignidad del ser humano?… o ¿estoy del lado de la indiferencia?
Oración: Señor Jesús, ante ti quiero volcar el espanto por el horror y el error de la guerra. Me sangra el corazón por el sufrimiento de miles de seres humanos que se ven envueltos en un conflicto que no quieren ni han creado.
Ante ti, Señor, me pregunto: ¿Qué precio tiene la paz? ¿A qué acciones nos reta? Ayúdanos, Señor, a humanizar la sociedad, abriendo nuestro corazón a una cultura de la ternura y la paz, favorecedora de bienestar social. Para que la paz sea eficaz, todos debemos comprometernos con actitudes auténticas de sana humildad.
Dios de los cautivos, innumerables personas en Gaza, Cisjordania, Irán y tantos otros países están soportando el sufrimiento de Cristo. Tú también fuiste crucificado y escarnecido por las autoridades y las estructuras de poder. Señor, proporciona sanación a través de la justicia y la liberación a todos los que son torturados y maltratados. Haz humildes a los arrogantes que son necios al pensar que pueden actuar cruelmente con impunidad. Recordamos que sufres junto a todas las personas torturadas y humilladas.
ESTACIÓN 12:
Jesús muere en la Cruz
Del Evangelio de Lucas (23,33b-34.39-46): “Los crucificaron allí, a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Jesús decía: “Padre, perdónales, que no saben lo que hacen”. Era la hora de nona cuando se oscureció el sol, y toda la región quedó en tinieblas. La cortina del santuario se rasgó por medio. Jesús gritó muy fuerte: “Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu”. Y dicho esto, expiró”. Padre, perdónales, que no saben lo que hacen… cuantas cosas por aprender y cuantas también por desaprender: miedo, heridas, fronteras, ira, odio… desaprender la guerra.
El odio opaca nuestros corazones. Los más poderosos camuflan sus intereses de falsas proclamas. La envuelven de banderas o religiones y clavan a la población bajo sus intereses. Muere la concordia y el diálogo. Muere la vida.
Padre, perdónales, que no saben lo que hacen… cuantas cosas por aprender y cuantas también por desaprender: miedo, heridas, fronteras, ira, odio… desaprender la guerra.
Canción: “Desaprender la guerra” por Luis Guitarra. https://www.youtube.com/watch?v=EC-xvYC7ooU
Desaprender la guerra,
realimentar la risa,
deshilachar los miedos,
curarse las heridas.
Difuminar fronteras,
rehuir de la codicia,
anteponer lo ajeno,
negarse a las consignas.
Desconvocar el odio,
desestimar la ira,
rehusar usar la fuerza,
rodearse de caricias.
Reabrir todas las puertas,
sitiar cada mentira,
pactar sin condiciones,
rendirse a la Justicia.
Rehabilitar los sueños,
penalizar las prisas,
indemnizar al alma,
sumarse a la alegría.
Humanizar los credos,
purificar la brisa,
adecentar la Tierra,
reinaugurar la Vida.
Desconvocar el odio,
desestimar la ira,
rehusar usar la fuerza,
rodearse de caricias.
Reabrir todas las puertas,
sitiar cada mentira,
pactar sin condiciones,
rendirse a la Justicia.
ESTACIÓN 13:
Jesús en brazos de su Madre
Del Evangelio de Lucas, 23, 50-54: “Había un hombre llamado José, natural de Arimatea, ciudad de Judea. Pertenecía al Consejo, era justo y honrado y no había consentido en la decisión de los otros ni en su ejecución, y esperaba el reino de Dios. Acudió a Pilato y le pidió el cadáver de Jesús. Lo descolgó, lo envolvió en una sábana y lo depositó en un sepulcro cavado en la roca, en el que todavía no habían enterrado a nadie”.
Lectura-reflexión: Semana tras semana, entre muerte y destrucción, somos testigos de verdaderos héroes en Gaza. Estos héroes son gazatíes que se apresuran a llegar a los lugares recién bombardeados para rescatar a las personas bajo los escombros, son periodistas documentando las atrocidades cometidas en Gaza, son personal médico trabajando en condiciones extremadamente adversas o todos aquellos que intentan entretener a los niños desplazados. Todos ellos se juegan la vida para hacer la obra de Dios, y muchos han perdido a seres queridos y compañeros.
Cada quien podemos ser como María y recoger al maltratado, al malherido, al planeta aportando misericordia y construyendo la paz.
Oración: Dios del Sumud (la perseverancia), periodistas, personal médico y quienes trabajan para aliviar el sufrimiento en Gaza están demostrándole al mundo con sus acciones lo que es la compasión, la bondad y la resiliencia. Protege a los muchos santos y santas de Gaza, conocidos y desconocidos, y bendícelos. Señor, ayúdanos a seguir sus ejemplos en nuestro contexto para que nuestras acciones conduzcan al amor y la solidaridad. Seamos “…firmes, inconmovibles, progresando siempre en la obra del Señor, conscientes de que vuestro trabajo en el Señor no es vano. ” (I Corintios 15:58).
ESTACIÓN 14:
Jesús es sepultado
Del Evangelio de Juan (19,40): “José y Nicodemo “tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en vendas, con los perfumes, según es costumbre enterrar entre los judíos. Había un jardín en el sitio donde lo crucificaron, y en el jardín un sepulcro nuevo, en el que nadie había sido enterrado todavía. Allí, por estar cerca, pusieron a Jesús, a causa de la Preparación de los judíos”.
Lectura- Reflexión: En Gaza han sido asesinadas más de 70000 personas, en Líbano e Irán más de dos mil. Sus vidas arrancadas por el odio nos impelan a que no sigan campando la destrucción.
Su descanso supera la muerte y desde el dolor puede albergar un horizonte diferente. Desde Cáritas internacional se exhorta a todas las partes a que pongan fin inmediatamente al derramamiento de sangre y eviten más violencia y desplazamientos forzosos de la población civil.
Como dice el Santo Padre: “La estabilidad y la paz no se construyen con amenazas mutuas, ni con armas que siembran destrucción, dolor y muerte, sino solo mediante un diálogo razonable, auténtico y responsable“.
Oración: Dios de Abraham, tu nos dejaste dicho No matarás. Tu nos preguntas como a Caín: ¿Dónde está tu hermano? Dios Santo, santificamos tu nombre cuando con nuestra propia vida, con nuestras acciones de solidaridad, ayudamos a construir un mundo más justo, evitando que se acceda a la violencia y a la explotación de los demás. Sabemos, Señor, que te ofende cuando se ejerce violencia sobre cualquier ser humano creado a tu imagen y semejanza. Sabemos, Señor, que te alabamos cuando se les devuelve a los oprimidos y a las víctimas de la violencia su dignidad. Que te rindamos alabanza trabajando por la justicia para todos, de manera especial en estos días para la población palestina y para alcanzar la paz en Oriente Medio.
ESTACIÓN 15:
Y al tercer día resucitó
Del Evangelio de Juan, 20, 19 – 21: “Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos con las puertas bien cerradas, por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se colocó en medio y les dice: —Paz con vosotros. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron al ver al Señor. Jesús repitió: —Paz con vosotros. Como el Padre me envió, así yo os envío a vosotros”.
Reflexión: Cristo ha cambiado la historia, pero nosotros seguimos empeñados en escribirla con enfrentamiento y guerras. Cristo Resucitado nos señala un nuevo camino, el de la paz.
En la experiencia de la Resurrección encontramos el camino desarmante de la diplomacia, de la mediación, del derecho internacional, tristemente desmentido por las cada vez más frecuentes violaciones de acuerdos alcanzados con gran esfuerzo, en un contexto que requeriría no la deslegitimación, sino más bien el reforzamiento de las instituciones supranacionales.
La paz de Jesús resucitado es desarmada, porque desarmada fue su lucha, dentro de circunstancias históricas, políticas y sociales precisas. Los cristianos, juntos, deben hacerse proféticamente testigos de esta novedad, recordando las tragedias de las que tantas veces se han hecho cómplices. La gran parábola del juicio universal invita a todos los cristianos a actuar con misericordia, siendo conscientes de ello (cf. Mt 25,31-46). Y, al hacerlo, encontrarán a su lado hermanos y hermanas que, por distintos caminos, han sabido escuchar el dolor ajeno y se han liberado interiormente del engaño de la violencia.
Oración: Es en la cruz donde Jesús venció. Ni con las armas, ni con el poder político, ni con grandes medios, ni imponiéndose. La paz de la que habla no tiene nada que ver con la victoria sobre el otro. Conquistó el mundo, amándolo. Es verdad que en la cruz comienza una nueva realidad y un nuevo orden, el de quien da la vida por amor. Y con la Resurrección y el don del Espíritu, esa realidad y ese orden pertenecen a sus discípulos. A nosotros. La respuesta de Dios a la pregunta de ¿por qué los justos sufren? no es una explicación, sino una Presencia. Es Cristo en la cruz.
Decía el obispo Pedro Casaldáliga: “Tu sepulcro vacío, los sepulcros llenos de pueblo masacrado, anuncian La Mañana” .
Y en eso estamos, clamando por un mundo justo y sin guerras, con una terca esperanza de que todo puede cambiar si cambiamos nuestras ambiciones y las de los estados. Reivindicando un alto el fuego que permita iniciar un diálogo para una paz justa y duradera y la reconstrucción de un territorio aplastado.
Es ese desarme del corazón, de la mente y de la vida al que Dios no tardará en responder cumpliendo sus promesas: «Él será juez entre las naciones y árbitro de pueblos numerosos. Con sus espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas. No levantará la espada una nación contra otra ni se adiestrarán más para la guerra. ¡Ven, casa de Jacob, y caminemos a la luz del Señor!» (Is 2,4-5).
La mañana de Resurrección que nos da Jesús nos impulsa a luchar contra toda desesperanza y a acompañar al pueblo martirizado sabiendo que Otro Mundo es Posible. Y que queremos vivirlo ya desde la fraternidad y la Solidaridad.
Señor de la Vida,
que moldeaste a cada ser humano a tu imagen y semejanza,
creemos que nos creaste para la comunión, no para la guerra,
para la fraternidad, no para la destrucción.
Tú que saludaste a tus discípulos diciendo: “La paz esté con vosotros”,
concédenos el don de tu paz
y la fortaleza para hacerla realidad en la historia.
Hoy elevamos nuestra súplica por la paz en el mundo,
rogando que las naciones renuncien a las armas
y elijan el camino del diálogo y la diplomacia.
Desarma nuestros corazones del odio, el rencor y la indiferencia,
para que podamos ser instrumentos de reconciliación.
Ayúdanos a comprender que la verdadera seguridad
no nace del control que alimenta el miedo,
sino de la confianza, la justicia y la solidaridad entre los pueblos.
Señor, ilumina a los líderes de las naciones,
para que tengan la valentía de abandonar proyectos de muerte,
detener la carrera armamentista,
y poner en el centro la vida de los más vulnerables.
Que nunca más la amenaza nuclear condicione el futuro de la humanidad.
Espíritu Santo,
haz de nosotros constructores fieles y creativos de paz cotidiana:
en nuestro corazón, nuestras familias,
nuestras comunidades y nuestras ciudades.
Que cada palabra amable, cada gesto de reconciliación
y cada decisión de diálogo sean semillas de un mundo nuevo.
Amén.



