La regularización extraordinaria, puerta a la dignidad y a la esperanza
Un paso decisivo hacia la dignidad, los derechos y la plena inclusión de miles de personas migrantes que ya forman parte de nuestra comunidad.
Desde Cáritas Diocesana de Orihuela-Alicante acogemos con profunda alegría y esperanza la puesta en marcha del proceso de regularización extraordinaria de personas migrantes. Esta medida supone un paso decisivo hacia el reconocimiento de la dignidad de miles de hombres y mujeres que ya forman parte de nuestra sociedad, trabajan, cuidan de nuestras familias y sostienen con su esfuerzo buena parte de nuestra vida cotidiana.
Para quienes acompañamos cada día a personas en situación administrativa irregular, esta noticia tiene rostro y nombre propios. Son madres que no pueden firmar un contrato de alquiler por miedo a ser rechazadas, jóvenes que desean estudiar pero carecen de documentación, trabajadores que sostienen sectores esenciales sin poder cotizar, familias que viven con la angustia permanente de la invisibilidad jurídica. La regularización no es solo un trámite administrativo: es la posibilidad real de acceder a derechos, a un empleo digno, a una vivienda estable, a la sanidad y a la plena participación en la comunidad.
Queremos reconocer que este avance es fruto del compromiso de la sociedad civil. La Iniciativa Legislativa Popular impulsada por Cáritas junto a otras entidades de Iglesia y organizaciones sociales logró situar en el centro del debate público la necesidad de ofrecer una salida humana y realista a cientos de miles de personas. La propia Conferencia Episcopal Española celebró este camino como un signo de responsabilidad social y de coherencia con el Evangelio, que nos invita a acoger, proteger, promover e integrar.
Desde nuestra experiencia cotidiana sabemos que la irregularidad administrativa no responde a una falta de voluntad, sino a un sistema de acceso extremadamente complejo. La regularización extraordinaria permitirá reducir la economía sumergida, favorecer la cohesión social y reconocer la aportación imprescindible de la población migrante al bien común. Es una inversión en convivencia, en justicia y en futuro.
En Cáritas Diocesana seguiremos acompañando a las personas en este proceso, informando, orientando y defendiendo sus derechos. Lo haremos con la convicción de que cada paso hacia la inclusión es un paso hacia una sociedad más fraterna. Como comunidad cristiana queremos ser testigos de que nadie es extranjero para Dios y de que la dignidad humana no puede depender de un papel.
Que esta regularización extraordinaria sea un nuevo comienzo para tantas familias y también para nuestra sociedad: un comienzo marcado por la acogida, la legalidad justa y la esperanza compartida.



