31/03/2026

El cuidado de la Iglesia por los pobres y con los pobres

Retiro de Cuaresma de las Cáritas de la Vicaría V

En este final de cuaresma, el voluntariado de la vicaría V se reunió en la iglesia del Espíritu Santo de El Albir para un retiro sobre la exhortación apostólica Dilexi-te. En esta ocasión nos acompañó María Boyer, la nueva secretaria general de Cáritas Diocesana. En su reflexión nos fue adentrando en muchos elementos de la exhortación que iluminan nuestro ser y actuar como Cáritas.  

La Iglesia, con cariño, nos invita a parar para volver a poner a Dios en el centro de nuestra vida, para que nuestra fe y nuestra misión en Cáritas recobren su impulso y no se dispersen entre tantas cosas que nos ocupan y nos preocupan cada día. Fue un día para parar, escuchar y dejarnos encontrar por Aquel que enciende en cada una de las personas que estamos aquí el fuego de la caridad. Hoy queremos seguir transformándonos y convirtiéndonos, para contribuir más y mejor a la construcción del Reino de Dios aquí, en la tierra. La sociedad necesita ser sanada desde su raíz y la Iglesia puede aportar, con sencillez y sobriedad, compromiso y testimonio. Estamos llamados a recrear una sociedad fraterna, justa, en paz y con dignidad para todas las personas.

La exhortación nos recuerda algo muy sencillo y muy profundo: que el amor de Dios a los pobres no es una idea, sino una realidad que atraviesa la vida de la Iglesia… una experiencia vivida y compartida. Reafirmamos la opción preferencial y evangélica por los pobres y con ellos. Somos comunidad cristiana y compartimos la mesa de la vida, creamos espacios donde nadie se entiende fuera, excluido. Las personas vulnerables no son destinatarios, son portadores de sabiduría. Y la cercanía es una exigencia evangélica, no una metodología.

«Crecidos en la extrema precariedad, aprendiendo a sobrevivir en medio de las condiciones más difíciles, confiando en Dios con la certeza de que nadie más los toma en serio, ayudándose mutuamente en los momentos más oscuros, los pobres han aprendido muchas cosas que conservan en el misterio de su corazón. Aquellos entre nosotros que no han experimentado situaciones similares, de una vida vivida en el límite, seguramente tienen mucho que recibir de esa fuente de sabiduría que constituye la experiencia de los pobres. Sólo comparando nuestras quejas con sus sufrimientos y privaciones, es posible recibir un reproche que nos invite a simplificar nuestra vida». (DT 102)

Aquí se nos regaló una de las preguntas más hondas: no solo qué hacemos por los pobres, sino qué lugar real les damos en nuestra vida, en nuestra mirada, en nuestra comunidad y en nuestra forma de ser Iglesia.

Porque quizá el criterio último no sea cuánto hacemos, sino desde dónde lo hacemos.
No cuántas cosas organizamos, sino cuánto nos dejamos tocar.
No cuántas respuestas damos, sino cuánto espacio real tienen los pobres en nuestro corazón, en nuestras decisiones y en nuestra manera de vivir el Evangelio.

Y tal vez hoy el Señor quiera volver a preguntarnos precisamente eso:
si nuestras comunidades son realmente lugares donde los pobres ocupan el centro;
si nuestra caridad nace de la fe y conduce a la justicia;
si nuestra cercanía es verdadera;
si seguimos dejándonos evangelizar por quienes más sufren;
y si estamos dispuestos a seguir convirtiéndonos para parecernos un poco más a esa Iglesia sencilla, sobria, cercana a su Señor y comprometida con los pobres que el Evangelio no deja nunca de suscitar.