¿De dónde venimos, cómo estamos y a dónde vamos?
La Iglesia Católica defiende la inmigración desde un enfoque humanitario y Evangélico, basado en los cuatro verbos del Papa Francisco: “Acoger, Proteger, Promover, e Integrar”.
Desde la Conferencia Episcopal Española, se incide en cómo los migrantes han transformado nuestra sociedad y también nuestras Diócesis y Parroquias; los migrantes que llevan ya años conviviendo con nosotros, se encuentran fuertemente arraigados en nuestro País, aportando una valiosa y necesaria contribución al desarrollo, aunque no siempre sus derechos son contemplados o reconocidos adecuadamente: el acceso al empleo, la vivienda y a las políticas sociales se ven en muchos casos claramente mermados.
Desde el punto de vista que nos mueve en Cáritas, los migrantes nos acercan con su presencia a Dios en la tierra y nos despiertan un ansia de justicia, caridad y paz, que debería anidar en nuestros corazones. A cada ser humano que se ve obligado a dejar su patria en busca de un futuro mejor, el Señor lo confía al amor fraternal de la Iglesia.
En este mundo “globalizado”, cada vez se hace más difícil y complicado para las Organizaciones al servicio de la acogida, apoyo y ayuda a nuestros hermanos “migrantes”, el poder realizar esta misión.
Cuando se creó Cáritas Española, allá por 1947 y se aprobaron sus primeros Estatutos, España solo llevaba 8 años de “paz”, tras una fratricida guerra civil que partió en dos nuestra Nación y que obligó a miles de ciudadanos “pobres y vencidos”, a migrar a Europa y América, huyendo de la miseria y la persecución ideológica.
Parece que ha llovido mucho, ¿verdad? Pero la realidad hoy en día es todavía más dramática; en un planeta donde solo priman los intereses geopolíticos” y el control abusivo de los recursos por parte de las grandes potencias; el fenómeno migratorio se ha convertido en moneda de cambio para miles de seres humanos; donde las redes sociales, las mafias que campan a sus anchas, y los intereses estratégicos y económicos; convierten a las personas en armas arrojadizas, que deambulando de un lugar a otro nos miran a los ojos preguntándonos: ¿dónde puedo alojarme sin ser rechazado?… cuando Dios nos entregó esta tierra para vivir a todos como hermanos y en paz?
Desde Cáritas, y a través de todos los que formamos parte de este gran equipo humano, no vamos a dejar de apoyar y acoger a TODOS LOS QUE VENGAN A NOSOTROS, SOLICITANDO AYUDA, AMOR FRATERNO Y SOLIDARIDAD. Por muchas que sean las trabas y dificultades en el camino, somos emisarios de Cristo, y al final “la verdad nos hará libres” (S. Juan 8:32).
En este 27 de septiembre, Jornada Mundial del Migrante y el Refugiado, manifestamos desde todo el equipo de Cáritas, que no os abandonamos, que seguiremos con esta lucha que creemos justa, y que, a pesar de las dificultades, siempre seguiremos al lado de nuestros hermanos: de cualquier credo, religión o condición humana. Todos somos hijos de Dios aquí en la tierra, y seguiremos defendiendo esta creencia y nuestros valores.



