Historia

El inicio de Cáritas Diocesana (los años 40 y 50)

Los años 40 y 50 fueron difíciles en toda Europa. Los estragos de la guerra todavía eran muy recientes y, mientras el tejido económico y social de los países devastados se restauraba, había mucha hambre y miseria entre la población. Para paliar los estragos de esta situación, la Iglesia dio un paso al frente, dispuesta a ayudar a las personas en situación de necesidad. En la Diócesis de Orihuela esta acción se materializó a través de la instauración, dentro de Acción Católica, de una filial llamada Secretariado Diocesano de la Caridad, cuya misión, como su nombre indica, era la de, mediante la promoción de acciones caritativas y la organización de las parroquias en este sentido, ayudar a paliar los problemas y la pobreza de la sociedad en la Diócesis.Cola Cáritas Explanada-1958 La primera gran acción de este organismo se dio en el año 1948, cuando le solicitaron al obispo, D. José García Goldáraz, la instauración en todas las parroquias de la Diócesis de un Día de la Caridad, dedicado a recoger fondos para los proyectos caritativos, y a que “los párrocos, Juntas y Centros de A.C. y Asociaciones” aprovecharan ese día para hacer difusión de sus obras de caridad, así como para “intentar su organización más eficaz y fecunda”. El obispo, entusiasmado por esta iniciativa, declara el día de Corpus Christi como Día Diocesano de la Caridad, repitiéndose esta declaración cada año, hasta que en 1960, pasa a ser Día Nacional de la Caridad. Es tal la fuerza y relevancia que el Secretariado Diocesano de Caridad alcanza en estos primeros años, que entre 1954 y 1955 es transformada en una institución autónoma (aún dentro de Acción Católica) llamada Cáritas Diocesana.
Será esta institución la que recibirá una importante misión: ser la encargada, a partir de mediados de la década de los 50, de la distribución y reparto de la ayuda de los americanos, tema muy delicado, pues en aquellos años difíciles, en los que existía un importante mercado negro, estos alimentos gratuitosReparto de leche en San Nicolas Santa Cruz de primera necesidad eran susceptibles de ser vendidos por gentes sin escrúpulos que quisieran obtener beneficios económicos. Era necesario que de esta misión se encargara una institución fiable. Y esta fue la recién constituida Cáritas Diocesana. Y muy unido a este reparto se puso en marcha inmediatamente otra iniciativa caritativa: la de las Cantinas Escolares, centros en los que los niños recibían meriendas (cuyos alimentos salían de la Ayuda Americana), y que pronto comenzaron a extenderse por todas las localidades de la Diócesis, como Albatera, Benejúzar, Crevillente, Elda, Redován, Rojales, Castalla, San Fulgencio…, así como en muchos barrios de grandes ciudades como Elche, Orihuela y Alicante.

La independencia de Acción Católica. Consolidación de la institución (Años 60)

A finales de la década de los 50, Cáritas Diocesana tiene una gran fuerza que le permite poner en marcha ambiciosos proyectos de caridad. Es la época de las famosas tómbolas organizadas por la institución, en las cuales, mediante el sorteo de un coche, se obtienen fondos para poder construir después viviendas para las personas más necesitadas. En estos momentos Cáritas no solo se preocupa por paliar los problemas del hambre y otras necesidades básicas mediante la preparación y reparto de alimentos, o distribución de ropa entre los necesitados, sino que busca aquellas zonas de las poblaciones donde existen focos de pobreza y marginalidad y se involucra en la búsqueda de una vida mejor para sus habitantes. De hecho, tanto Cáritas como Acción Católica consideran que la existencia de chabolas es uno de los principales problemas sociales del momento, y ponen en marcha planes para erradicarlas. La Florida 1966Es la década de la construcción de Casalarga y su guardería, de la guardería de la Florida, de las llamadas Casitas de Papel en el barrio Tómbola, las 100 viviendas construidas en la calle Virgen del Puig, en Alicante, o las 20 de Torrevieja y las 24 de San Vicente del Raspeig.
En mayo de 1960 tuvo lugar un acontecimiento de capital importancia para Cáritas Diocesana como fue la celebración de la I Asamblea Diocesana, en la que el voluntariado de la entidad acudió desde todos los puntos de la Diócesis para evaluar los proyectos que habían sido puestos en marcha hasta entonces y valorar las acciones a llevar a cabo a partir de ese momento. Las principales conclusiones del encuentro, y que marcarían los pasos de la entidad desde ese momento en adelante, fueron tres: a) el objetivo Ninguna Parroquia sin Cáritas y ninguna Cáritas sin equipo de Caridad (que acabó convirtiéndose en uno de los principales lemas de la entidad hasta el día de hoy); b) la creación de las Cáritas Interparroquiales en las poblaciones que tuvieran varias parroquias para poder coordinar sus esfuerzos, y c) el fortalecimiento de las relaciones y la comunicación entre las Parroquias y las Interparroquiales, y entre estas y Cáritas Diocesana.Taller formación carpinteríaEl crecimiento de la entidad en tamaño, importancia y capacidad de trabajo llevó a que el obispo D. Pablo Barrachina planteara que Cáritas Diocesana de Orihuela-Alicante requería, para cumplir adecuadamente con sus objetivos y proyectos, de una personalidad jurídica propia e independiente; por tanto, el 25 de abril de 1965 se la erigió como “persona moral” según el Derecho Canónico, disponiendo que pudieran “adquirir, poseer y administrar bienes temporales de cualquier clase” según lo dispuesto en sus Estatutos. De esta forma Cáritas Diocesana quedaba ya completamente independizada de Acción Católica y comenzaba su camino en solitario.

Apostando por la formación (las décadas de los 70, 80 y 90)

Los esfuerzos de Cáritas Diocesana para implantar Cáritas en todas las parroquias posibles funcionaron, y aunque durante los primeros tiempos Cáritas Diocesana estuvo principalmente implantada en parroquias de las grandes ciudades, con el paso de los años y duro trabajo, se consiguió ir extendiendo la organización a todas las poblaciones de la Diócesis. Pero el rápido crecimiento de Cáritas Diocesana pronto reveló que, si bien era cierto que esta estructura permitía dar mayor alcance a la ayuda que la institución podía prestar, también había generado una nueva situación: la creación de muchas Cáritas Parroquiales en las que el voluntariado que colaboraba no tenía ningún tipo de preparación y no seguía directriz alguna más allá de lo que en cada momento cada uno de ellos creía que era correcto y adecuado para ayudar a los más necesitados de su comunidad. Ni siquiera todos estaban de acuerdo en quiénes eran “los más necesitados”, pues mientras algunos pensaban que eran solo los pobres económicamente hablando, nuevas realidades de personas en situación de exclusión, estaban empezando a engrosar la definición de “necesitado”: las personas inmigrantes que llegaban sin recursos, personas reclusas y ex-reclusas con dificultades para reinsertarse en la sociedad, personas con enfermedades físicas y psíquicas, entre ellas, las personas que enfermaban de SIDA, la llamada plaga del siglo XX. Y es que la sociedad en España había cambiado mucho. La crisis de la posguerra y la autarquía habían quedado atrás. El país se había recuperado de la gran crisis, y por tanto las necesidades de la población habían cambiado.
Ante esta nueva realidad, Cáritas Diocesana comienza una nueva etapa en la que abandona los grandes proyectos constructivos que habían caracterizado buena parte de su política en las décadas precedentes, y decide incidir más en la ayuda cotidiana a las personas con cualquier situación de necesidad de cada lugar. Pero esto es algo que solo se puede lograr a través del trabajo de las Cáritas Parroquiales, por lo que, desde los últimos años de la década de los 60 en adelante, Cáritas Diocesana va a dedicar muchos de sus esfuerzos en educar, formar y coordinar al voluntariado para que, cada persona voluntaria en su pequeño ámbito de actuación, trabaje sintiéndose parte de Cáritas Diocesana, como un conjunto unido en busca de un objetivo común y según unas directrices y un método común de trabajo que más tarde pasaría a llamarse “Modelo de Acción Social”.Edificio nuevo Cáritas Elche
Por eso Cáritas Diocesana procederá a organizar cursos de formación y encuentros para su voluntariado, así como Asambleas en las que todo el voluntariado de la entidad pueda ser partícipe de las decisiones tomadas en ella. Paralelamente se procederá a la publicación de artículos y documentos que se harán llegar a las parroquias (principalmente a través del Boletín Oficial de la Diócesis) en los que se explica qué es Cáritas Diocesana, cuál es su labor, los principales problemas sociales que trata de combatir, los métodos que utiliza…

El asentamiento de la diocesaneidad (de los 90 a 2008)

El papel de las Interparroquiales resultará ser capital para lograr finalmente el asentamiento de la diocesaneidad. Hicieron falta multitud de reuniones entre los Coordinadores de Cáritas Diocesana con los Coordinadores de las Cáritas Interparroquiales, y Parroquiales donde se ponían en común objetivos, formas de trabajar y diferentes perspectivas de la realidad. Llevó mucho tiempo, pero poco a poco se acercaron posturas y se llegó a acuerdos, y gracias a ello ahora podemos decir que la acción social está estructurada con una manera y un método de trabajo que irá perfeccionándose en los años posteriores y que da forma a la visión común y global de Cáritas desde todos los programas, proyectos, áreas y equipos de la diócesis.
Desde finales de los 80 y principios de los 90, Cáritas Diocesana alcanzó un nuevo escalón en su evolución. Abrazando la Doctrina Social de la Iglesia, su mensaje, se dio cuenta de que, aunque realizar ayuda asistencial a las personas en situación de necesidad contribuía a mejorar su situación, no solucionaba el problema.

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Por eso, Cáritas no podía detenerse ahí, sino que debía ir más allá y trabajar por la promoción social y profesional de las personas, pues solo así saldrían realmente de su situación de dificultad. Fue así como Cáritas Diocesana, a través de las Cáritas Parroquiales e Interparroquiales, y sus programas diocesanos, comenzó a poner en marcha diversos proyectos que buscaban la formación de las personas inmersas en una situación de exclusión y/o pobreza, de forma que ellas mismas fueran capaces de encontrar los mecanismos para abandonar su situación de necesidad y a crear programas y proyectos adaptados a la realidad social como el proyecto Véritas para enfermos de VIH-Sida y los Centros de Acogida para personas sin hogar.

Cáritas hoy

Pero entonces, en 2008, la crisis económica alcanzó a España y dio una visión profunda de una crisis de valores sumergida en la sociedad y la incoherencia de un sistema que no dispone de los mecanismos para la garantía del ejercicio de los derechos de las personas. El número de personas y familias en situación de exclusión comenzó a ascender de forma vertiginosa, a la vez que, de forma igual de vertiginosa, las subvenciones y fondos públicos de los que Cáritas podría nutrirse descendían drásticamente. Ante esta nueva situación, Cáritas Diocesana tuvo que llevar a cabo una reestructuración administrativa interna que le permitiera mejorar su método de acción y comenzar a trabajar desde la creatividad de la caridad, mediante el Modelo de Acción Social, comenzando así a cambiar su forma de intervención con las personas y el lenguaje social. De esta forma Cáritas comienza a dejar de “dar o ayudar” (acción asistencial) para “estar y acompañar” (acción promocional) a las personas en sus realidades de grave dificultad, reforzando sus programas y proyectos de promoción personal, la acogida y la cercanía a las personas y comprendiendo que la pobreza y la exclusión son un proceso largo de ser superado, lo que lleva a entender la caridad y trabajarla de una forma más específica, mediante acciones integrales de intervención con las personas en todos los ámbitos y dimensiones, como un camino para conseguir que las personas accedan y ejerzan sus derechos a un empleo, a una vivienda, a la salud…foto escuela de formación 2013 voluntariado y trabajadoresAsí Cáritas comienza a trabajar la sensibilización para dar a conocer la verdadera realidad y poder aumentar las donaciones privadas, de forma que no se tuviera que depender tanto de las ayudas públicas para continuar realizando su labor. Por otro lado, se convirtió en una voz crítica en la sociedad, realizando denuncia social, reclamando justicia, implicación por parte de los poderes públicos y privados, denunciando un sistema social que no funciona y que es excluyente y empobrecedor. De esta manera, utilizando todos los recursos que había a su alcance, y sobre todo con mucho ingenio, experiencia, creatividad y estudio y diagnóstico de la realidad social, Cáritas Diocesana ha seguido respondiendo positivamente a todas aquellas personas que han acudido a ella en busca de una respuesta para mejorar su vida, consiguiendo ser transformadores de la sociedad.

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