En el Día del Voluntariado, Cáritas quiere dar las gracias a tantas personas comprometidas que se dan a sí mismas para ayudar a los demás. Personas que ponen su granito de arena para mejorar el mundo en el que viven. Personas que no quedan indiferentes ante el sufrimiento de su prójimo y se movilizan, se implican, se ponen manos a la obra.
En estos tiempos donde hay tantas situaciones injustas que provocan pobreza, exclusión y vulneración de Derechos, queremos reconocer la entrega de tantas personas que, desde su opción de voluntariado, están siendo LUZ DE ESPERANZA con su solidaridad, gratuidad, fraternidad y compromiso.
Y es que para el voluntario de Cáritas, comprometerse, es un modo de ser, de relacionarse, de entender la vida y compartirla creando fraternidad. Para el voluntario de Cáritas, la solidaridad no es un sentimiento de vaga compasión o de superficial ternura hacia los males de tantas personas cercanas y lejanas, al contrario, es la determinación firme y perseverante de empeñarse en el bien común.
El voluntariado está llamado a seguir en el empeño de CREAR ESPACIOS DE HUMANIDAD y DE ENCUENTRO, donde las personas excluidas, empobrecidas, heridas, olvidadas… se sientan en FAMILIA, ACOGIDOS, ESCUCHADOS, SIENTAN QUE SON IMPORTANTES PARA ALGUIEN.
Cáritas agradece y pone en valor el que los voluntarios tomen partido en la historia de la humanidad y se conviertan en agentes de cambio capaces de poner a la persona, en el centro de nuestra mirada, palabra y acción. Y como desde su compromiso toman postura ante la realidad de tantas personas empobrecidas
Si vivimos entregados a este compromiso de mejorar la vida de los que están caídos en nuestro entorno, estaremos contribuyendo a mejorar este mundo. Estaremos haciendo posible un “cielo nuevo y una tierra nueva donde habite la justicia” (2P 3, 13).