Las organizaciones que apoyan la iniciativa “Iglesia por el Trabajo Decente”, que celebró su día el 7 de octubre y la Campaña que durante todo este año 2017 hemos realizado en la Parroquia sobre este tema, con un VER, JUZGAR y ACTUAR y el Acompañamiento de las personas en esta situación: constatan que el trabajo es un elemento imprescindible para la justicia social y la cohesión de toda la humanidad. En España estamos asistiendo a un crecimiento del trabajo precario que afecta principalmente a las personas más vulnerables, que corren el riesgo de caer en la pobreza y la exclusión social.

NUESTRA REALIDAD

Elda no es una excepción, hemos descubierto una realidad de precariedad dolorosa que está afectando a la vida de miles de trabadores/as y sus familias. Algunos datos de esta realidad son:

Tasa de paro:

En Elda a fecha de diciembre de 2016, había registradas 6.505 personas en el desempleo.

Los Jóvenes:

De las personas desempleadas en Elda 439 son jóvenes.

Adultos de 30-45 años:

En nuestra ciudad es el segundo grupo de parados detrás de los de 45 años en adelante.

Adultos de 45-65 años:

Es el colectivo más afectado, el 57% de los parados del sector industrial tiene más de 45 años.

Jubilados más de 65 años:

Hay en nuestra ciudad 13.516 personas en edad de jubilación,. La pensión media  se sitúa en 780 Euros. Entre esta población hay un número importante de personas con problemas de  dependencia. Muchos de estos jubilados son además un fuerte apoyo para las familias.

Las Mujeres:

Trabajan muchas de ellas en la economía sumergida y en casa, su situación es peor que la de los hombres y su salario un 20% menor.

Trabajadores extranjeros:

La población extranjera en Elda son 2.377, lo que supone un 4,5% de la población total. Los principales rasgos son: empleos precarios, bajos salarios, situaciones de hacinamiento en viviendas y de desarraigo personal y familiar, además de algunos problemas de rechazo y xenofobia.

VALORAMOS

Que el trabajo sumergido es una característica de nuestra ciudad. La industria del calzado es la más implantada, en su día convirtió a nuestra ciudad en una zona de emigración que permitió a muchas personas vivir con dignidad. La situación ha cambiado enormemente y la economía sumergida es una práctica habitual, hasta el punto que se percibe como algo normal trabajar sin contrato, se tiene miedo a denunciar y en consecuencia a la pérdida del trabajo.  Esta práctica de economía sumergida hoy no sólo se da en el calzado, también en los servicios, hostelería, economía domestica…

En definitiva se consagra el individualismo, la resignación y la pérdida de derechos lleva a normalizar lo que es inhumano e inmoral. Esta situación tan  dolorosa, es la consecuencia  un modelo económico y social que genera  empobrecimiento y deshumanización, incapaz de poner a la persona como el centro de la vida y del trabajo, utilizándola como simple instrumento al servicio del enriquecimiento (como nos dice la Doctrina Social de la Iglesia).

ANUNCIAMOS

Que esta realidad es contraria a los Planes del Reino de Dios que nos invita a vivir como hermanos. En consecuencia urge trabajar por humanizar las relaciones en el mundo del trabajo y concretar nuestro   compromiso en: La lucha contra el trabajo no declarado, garantizar un salario digno capaz de dar respuesta a las necesidades de nuestras familias, la igualdad de remuneración para hombres y mujeres, un trabajo al servicio de la sociedad y que garantice el futuro de los jóvenes, un trabajo que prime nuestra seguridad y salud, que respete el medio ambiente, que sea un lugar de participación reconociendo las organizaciones obreras, en definitiva un trabajo para la vida y al servicio de las personas y la sociedad.