Las comunidades costeras en Oceanía están siendo forzadas a abandonar sus hogares debido al aumento en los niveles del mar y la erosión, en una situación que ha sido catalogada como severa, según se señala en el Informe sobre el Estado del Medio Ambiente en Oceanía 2017 que se acaba de presentar.

En el informe, que se publica bajo el titulo Turning the Tide (Cambiando de rumbo), los líderes de Cáritas en la región del Pacífico resaltan el trastorno generalizado que está causando a los pueblos ribereños como consecuencia del aumento del nivel del mar, las inundaciones, la erosión y el abuso de los recursos oceánicos.

Asimismo, se alerta del aumento de los mantos freáticos, de la sal que se filtra en las aguas subterráneas, de peces envenenados y de manglares moribundos. «Nunca antes habíamos visto esto», señala George Alabeni, representante de una contraparte colaboradora con Cáritas en las Islas Salomón. «Es nuevo para nosotros», añade.

El impacto en toda Oceanía se cataloga como «severo» en esta evaluación anual de riesgo, que pusieron en marcha en 2014 las Cáritas en Aotearoa Nueva Zelanda, Australia, Tonga, Samoa y Papúa Nueva Guinea, en coordinación con las comunidades locales.

El informe califica como «altos» los efectos de los factores medioambientales que impiden el acceso a alimentos y agua seguros. Esto incluye fenómenos meteorológicos extremos y el uso agresivo de la tierra en actividades como la minería, la tala de árboles y las plantaciones de aceite de palma, que afectan de manera adversa a los suministros de alimentos y agua limpia de la población.

El informe considera que la cantidad y calidad de la financiación actual para la lucha de quienes están sufriendo el mayor impacto del cambio climático son inadecuadas, a pesar de que la financiación en la región está aumentando. Para los líderes de Cáritas en Oceanía todavía no se está comprometiendo suficiente fondos y no están llegando suficientemente a los más vulnerables.

Casas abandonadas

Cáritas documenta en su Informe cómo los habitantes del litoral están siendo forzados a abandonar sus hogares. «Es casi como si a uno le arrancaran el corazón del pecho», dice Fred Gela, alcalde de las islas del Estrecho de Torres (en Queensland, Australia), en donde se ha identificado a 15 comunidades que están en riesgo por el aumento de los niveles del mar. Para aquellos que han vivido al lado del océano durante generaciones, es difícil decirle adiós a una tierra que es suya por derecho de nacimiento.

En la vecina Papúa Nueva Guinea, los coordinadores de Cáritas han identificado erosión costera e inundaciones en 12 de 19 diócesis del país, y entre 30 y 35 comunidades han tenido que alejarse de la costa o reasentarse en tierras más altas. Casi todos los

coordinadores reportan que los suministros de alimentos y agua están siendo afectados por eventos meteorológicos y por la extracción a gran escala de recursos naturales.

«Yo crecí en esa casa y ahora está abandonada», dice Muliagatele Siafao Malo. En su aldea costera de Solosolo (Samoa), el 60 por ciento de la población han tenido que reubicarse. La tierra de sus ancestros está desapareciendo literalmente bajo el agua. Se pronostica que los niveles del mar alrededor de Samoa aumentarán entre 7 y 17 cms. para 2030 en comparación con el nivel medio entre 1986 y 2005.

«Las cosas han cambiado… y muy rápidamente», informa el Grupo Juvenil de Cáritas Kiribati al documentar los cambios medioambientales en las islas Kiribati: salinización del agua potable, muerte de manglares y erosión costera. Incluso en Nueva Zelanda, este año 50 de 70 zonas de muestreo de aguas subterráneas no han superado los criterios de e-coli en el agua potable.

Pérdida de fuentes alimentarias y recursos hídricos

«Bajo las superficie, tanto la temperatura como el volumen y la química de nuestros océanos está cambiando», advierte el informe. Como dice George Alabeni, en las Islas Salomón «a veces el mar está muy caliente… y no es agradable». El aumento de la temperatura del océano está trastornando los patrones de vida marina y los vecinos informan que hay menos peces y que los que pescan les sientan mal.

Las Cáritas de Oceanía indican cómo el uso irresponsable de la tierra ignorando las necesidades del medioambiente y las comunidades locales se está combinando con fenómenos meteorológicos cada vez más severos, que empujan al borde de la supervivencia a las comunidades que viven de la agricultura de subsistencia y la pesca. Las extracciones mineras en el lecho marino, la producción de petróleo y gas, y la explotación forestal están afectando el acceso a fuentes tradicionales de alimentos y agua.

Estrategias de supervivencia

En toda Oceanía, Cáritas está apoyando a comunidades que buscan estrategias de supervivencia a largo plazo. En Fiji, la organización SEEP, contraparte colaboradora de Cáritas, trabaja para conservar prácticas de pesca tradicionales y sostenibles. En Samoa y Tonga, Cáritas está ayudando a la gente a prepararse para afrontar el aumento de las sequías y precipitaciones extremas. Las comunidades han creado almacenes de acopio preventivo de suministros de emergencia, han construido casas más robustas y se han establecido suministros de agua. En las Islas Salomón, las comunidades han instalado paneles solares y una turbina eólica.

En Turning de Tide, los líderes de Cáritas exhortan a la comunidad internacional, a los gobiernos de Oceanía y a la sociedad civil a proteger a las comunidades amenazadas y nuestro futuro global compartido. Entre las acciones propuestas se incluye implementar plenamente el Acuerdo de París sobre el cambio climático y medidas específicas para invertir en agricultura sostenible, pesca y conservación de recursos hídricos, limitando el uso de químicos nocivos.

Apelan, asimismo, a que las grandes empresas y el gobierno operen de forma responsable; exigen una moratoria en la minería y la prospección de lechos marinos; y reclaman mayor financiación para apoyar a Oceanía y que los fondos se canalicen mejor para llegar directamente a las personas vulnerables.

Los habitantes del litoral pacífico han vivido tradicionalmente en una relación interdependiente con la tierra y el océano. Actualmente, esta forma de vida está amenazada y, como alertan los habitantes de Pomio (Papúa Nueva Guinea) en la inquietante pregunta que lanzan al resto del mundo: «¿Dónde sembraremos nuestros huertos en el futuro?».